Conozca
Buenos Aires


MENU PRINCIPAL

  • Home
  • Noticias
  • Historia
  • Barrios
  • Iglesias
  • Plazas
  • Monumentos
  • Arquitectura
  • Cúpulas
  • Puertas
  • Vitrales
  • Pisos
  • Arañas
  • Relojes
  • Aljibes
  • Murales
  • Filete Porteño
  • Curiosidades
  • Perlitas
  • Pasajes
  • Arboles
  • Destacados
  • Postales
  • Día y Noche
  • Ayer y Hoy
  • Museos
  • Bibliotecas
  • Ferias
  • Café - Bar
  • Sabores
  • Donde ir
  • Espectáculos
  • Tango
  • Info al Turista
  • Visitas Guiadas
  • Videos
  • Web amigas
  • Teléfonos útiles
  • Notas en medios

  • Contacto

    Usted es el visitante

    Desde 01/01/2016


    www.conozcabuenosaires.com.ar




    Antes, invasión de palomas y ahora plaga de cotorras

    Cambios y problemas de convivencia entre humanos y el reino animal. En Buenos Aires se vive una doble invasión urbana: las palomas y las cotorras proliferan en la ciudad, generando problemas de infraestructura y convivencia, mientras que en el conurbano los carpinchos se expanden en lagunas y barrios privados, desatando tensiones entre vecinos y ambientalistas.

    En la ciudad, primero fueron las palomas y ahora las cotorras, cada vez más presentes en la ciudad y generando un problema que habrá que resolver.

    Paloma y cotorraEn las últimas décadas, en algunos barrios de la ciudad aumentó notablemente la aparición de palomas y muchos vecinos debieron poner redes en sus balcones para evitar que invadieran sus espacios, incluso, en 2012, durante la gestión de Mauricio Macri, fue Diego Santilli, que era ministro de Ambiente y Espacio Público, quien había anunciado un plan para atraparlas en grandes jaulones, con comida, y también se utilizarían redes para capturarlas en parques de la zona, como las plazas Francia y Plaza Emilio Mitre, entre otras, para luego soltarlas en otros puntos de la ciudad donde no fuesen motivo de quejas.

    En ese mismo anuncio se advirtió que ese método no representaba una solución definitiva del problema, ya que las palomas suelen retornar a sus lugares de origen y se reproducen con gran velocidad. "No las vamos a erradicar totalmente, pero de a poco ofreceremos una solución para los lugares más comprometidos", comentó.

    En los últimos días se está hablando acerca de las cotorras, que existen en Buenos Aires desde hace siglos, incluso antes de la llegada de los conquistadores a nuestra región, según recuerda Rodrigo Fariña, de Aves Argentinas.

    La expansión agrícola y la introducción de árboles exóticos, especialmente el eucalipto, alteraron el equilibrio. En lo alto de estas especies, los nidos quedaron fuera del alcance de depredadores, lo que disparó la reproducción. Además, los cultivos extensivos ofrecieron alimento abundante. El resultado: una especie que en Argentina es nativa, pero que en otros países donde fue llevada como mascota se convirtió en invasora.

    En el campo: la cotorra ataca cultivos en la etapa de maduración, generando pérdidas en granos y frutas, aunque aún no existen estudios precisos sobre la magnitud del daño.

    En la ciudad: no afecta la producción agrícola, pero sus nidos en postes eléctricos provocan cortes de suministro y su bullicio genera conflictos vecinales. Sin embargo, algunos investigadores advierten que su colorido y sociabilidad pueden despertar simpatía.

    La provincia de Buenos Aires la declaró plaga, pero los métodos de control —remoción de nidos, venenos, dispositivos acústicos— son costosos, poco sostenibles y cuestionados por ambientalistas. Fabricio Gorleri, biólogo de Aves Argentinas, señala que el crecimiento no es homogéneo: aumenta en el NOA y la Patagonia, pero se mantiene estable en la región pampeana.

    La cotorra es altamente social y comparte información dentro de la bandada, lo que le permite diversificar su dieta rápidamente. Vive en nidos comunales todo el año y organiza sus rutinas con precisión. En invierno, forma bandadas más grandes y visibles, mientras que en verano se dispersa por la actividad reproductiva.

    El dilema sobre la cotorra refleja cómo la transformación del territorio por parte de la sociedad generó consecuencias inesperadas. “Es parte de la diversidad natural y cultural de esta región y hay que mirarla desde ahí”, resume Fariña. El desafío no es solo controlar, sino comprender con datos precisos qué daños existen y en qué medida.

    El conflicto urbano con la cotorra argentina en la Ciudad de Buenos Aires no está vinculado a la agricultura, sino a su convivencia con la infraestructura y los vecinos:

    Nidos en postes eléctricos: al instalarse en cables y torres de comunicación, provocan cortocircuitos y cortes de suministro que requieren mantenimiento constante. Asimismo, el ruido de colonias, por su carácter bullicioso, genera molestias en barrios densamente poblados, especialmente en la zona norte. Por esta situación, algunos vecinos las consideran una plaga y otros las ven como aves atractivas y parte del paisaje urbano.

    En cuanto al impacto ecológico, no compiten por huecos en los árboles, por lo que no desplazan a otras especies nativas. En contraste, conviven con palomas y gorriones, que sí son invasores.

    En síntesis, el conflicto urbano se centra en los daños a la infraestructura eléctrica y las tensiones vecinales por ruido, más que en pérdidas económicas directas. Los especialistas advierten que aún falta una medición rigurosa para definir si realmente cumplen el umbral de “plaga” en la ciudad y habrá que ver cómo solucionarlo.


    Susana Espósito - 4725 caracteres – Martes 20/08/26




    Página Declarada de
    Interés Cultural
    (Legislatura CABA 512/2004)


    Auspiciada por:
    El Ministerio de Cultura del GCABA
    Res. 2027/2005
    y la
    Subsecretaría de Turismo del GCABA Res. 065-SSTUR-07