Che Tango, en el barrio de la Boca, ocupa un imponente local en el que sus paredes exhiben gigantografías de Buenos Aires, que nos hacen sentir invitados de honor de la ciudad.

El local de gran superficie (60 metros de largo y 20 metros de ancho) tiene capacidad para 1200 personas y lo importante es que el escenario está ubicado en el centro, a un nivel lo suficientemente elevado como para que todos los comensales puedan ver bien el show, después de disfrutar de un cuidado menú.

Al llegar al lugar, un grupo de actores y actrices reciben al público, vestidos de época y los acompañan a sus mesas.


Las mismas están prolijamente vestidas e iluminadas por un obelisco realizado en vitreaux con una vela en su interior, que da una luz tenue y romántica.


Los mozos son cordiales y muy dispuestos para atender sin demoras a los comensales que pueden degustar un primer plato que puede ser carpaccio de lomo o una riquísima ensalada capreze.
El plato principal: un buen bife de chorizo o pollo grillado con papitas al romero o también puede elegir pastas.
El postre es un riquísimo brownie de chocolate con helado y coulís de frutas.
Todo bien regado con vino tinto, blanco o cerveza o gaseosas.


El show comienza con un inmigrante italiano que llega a nuestra ciudad, con su valija llena de ilusiones y sus remembranzas de la tierra natal, entonando "O sole mío". En la misma escena y en forma paralela, el porteño entona "Mi Buenos Aires Querido". Cada uno emocionado por llevar en la sangre el orgullo del país donde ha nacido y finalmente, terminando el cuadro con un apretón de manos que sella la hospitalidad del que recibe al extranjero con los brazos abiertos, para alivianar la pena de su destierro y para hacerlo sentir en su casa.

La sorpresa: Nélida y Nelson que aportan calidad, belleza y la experiencia adquirida en Tango Argentino.

Como si fuera poco y como complemento del tango, no falta el folklore del altiplano con brillantes interpretaciones de la orquesta de folklore andino encabezada por el destacado charanguista Rodolfo Ruiz. Es uno de los momentos de mayor energía de la noche.

Como yapa: la voz varonil de Hugo Marcel.

El broche de oro: Raúl Lavié, con su voz potente y haciendo una excelente interpretación de "Balada para un loco".

La iluminación es excelente, la orquesta dirigida por el maestro José Colángelo se luce en cada interpretación y el cuerpo de jóvenes bailarines se destaca en tangos, milongas y valses.

Un lujo, por la calidad de sus artistas y la humildad de los grandes, que bajan del escenario para despedirse
de los espectadores.


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