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Reloj, no marcas las horas

Hace unos meses, realizamos una nota acerca de los relojes que embellecen el paisaje arquitectónico urbano en nuestra ciudad, alrededor de unos 120, de los cuales 70 no funcionaban y siguen sin funcionar.

El relevamiento había sido realizado por el señor Alberto Selvaggi, relojero de profesión desde hace 51 años y considerado "patrimonio viviente" por la ex Secretaría de Cultura porteña, y quien se ocupa de cuidar y poner en marcha todos los días, desde hace 14 años, el reloj de la Legislatura de la ciudad.

El señor Selvaggi se lamentaba por la cantidad de relojes que necesitan reparación, ya que considera que son piezas de gran valor y además, es mucha la gente que los mira para saber la hora.

El 25 de mayo, el jefe de Gobierno de la ciudad, Jorge Telerman, inauguró un nuevo reloj, denominado "Reloj del Bicentenario", emplazado en el primer piso del Palacio de Gobierno. El mismo tiene más de cuatro metros de largo por 50 cm de alto y no tiene agujas, expresa en grandes letras rojas el tiempo de descuento para llegar al bicentenario de Buenos Aires.

Así se hizo por ejemplo en París, donde se colocó un reloj luminoso en la Torre Eiffel, que indicaba cuántos días faltaban para el comienzo del nuevo milenio.
Sin embargo, a pesar de considerarnos la París de Sudamérica, las cosas no funcionan igual en un país y en otro, porque aquí, los maravillosos relojes históricos que deberían dar puntualmente la hora, están detenidos en el tiempo, no funcionan, atrasan o adelantan y en "la ciudad de las luces", el cuidado del patrimonio es muy tenido en cuenta. De hecho, París es una ciudad que conserva su estilo clásico, sus raíces, a tal punto que no se ven torres emergentes entre los edificios de estilo academicista que le otorgan identidad propia. Adentro de los edificios se pueden hacer modificaciones y aplicar todo lo que concierne al modernismo, pero las fachadas deben conservarse como eran originalmente. En Buenos Aires, para muchos arquitectos, esto significa convertirla en ciudad museo y así es que muchos edificios de gran valor histórico se han demolido para ser reemplazados por otros modernos y más funcionales, sin importar la pérdida que ha significado, como testimonio de otra época que forma parte de nuestra Historia.

Alberto Selvaggi afirma que detrás de los relojes que no funcionan hay mala voluntad y descuido. Y da ejemplos: "El reloj del Banco Central estuvo más de 30 años marcando las 2.15: en el cuarto que protege la máquina pusieron las heladeras del restaurante del edificio. El calor y la vibración son dañinos. Y el reloj de la iglesia San Juan Bautista, en Alsina al 800, está parado porque no dejan que el relojero entre a ponerlo en hora".

Texto y foto: Susana Espósito
Fecha de publicación 01/06/07

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